Hombre – Mujer, Masculino – Femenino en la violencia de género y sexual en el conflicto armado.

Hombre y mujer son dos términos para referirse al macho y la hembra humana. Los términos son biológicos con características fisiológicas y anatómicas en su referencia en el dimorfismo sexual. Así los hombres son más altos que las mujeres, acumulan mayor masa muscular, poseen penes y poseen más vellosidad corporal, etc. Femenino y masculino son categorías de género en las que se representan social y culturalmente los sexos. En ese sentido no todos los hombres son masculinos y no todas las mujeres son femeninas. Margaret Mead en el texto Sex and Temperament in Three Primitive Societies (1973) examinó en antropología, desde la corriente teórica de personalidad y cultura, los comportamientos y representaciones de los sexos. Encontró que los hombres Mundugumor tenían comportamientos y representaciones masculinas muy similares a nuestra cultura. En los Tchambuli, a diferencia de los anteriores, el comportamiento y representaciones de los hombres eran femeninas, de acuerdo a nuestro marco de referencia. Por tanto Eran los que se adornaban, era sensibles al arte y la belleza, incluida la corporal.

En el marco de la violencia, específicamente en el marco de la violencia sexual en el conflicto armado, y para mayor precisión como crimen de lesa humanidad denotamos dos niveles de expresión de la relación tricategorial: violencia, sexo y género. Slavoj Žižek en el texto Violence (2008) examina dos niveles de la violencia. La violencia de tipo objetivo: sistémica y estructural, reproducida por el lugar que ocupa el sujeto en la sociedad por posición de clase, tipo de trabajo, afinidad religiosa, afinidad política y por supuesto posición de género. Invisible por que no aparece en la inmediatez de los sentidos pero es el trasfondo y consecuencia del funcionamiento homogéneo de nuestro sistema político y económico. En este lugar se instala el masculino, lo masculino que encarna la violencia simbólica con la imposición de cierto sentido del mundo y la sociedad en la relación de los géneros. Junto a esta violencia sistémica e invisible aparece como complemento la violencia subjetiva la vivida por la víctima de manera inmediata y por la agresividad que de ella emana, de esa violencia inmediata, nos impide pensar, nos obliga a asimilar vía percepción de los sentidos inmediatos, esto es la fenomenología de la violencia. En el acto de la violencia el victimario aparece en su forma fenoménica inmediata, aparece como un hombre. Que con formas simbólicas del lenguaje(perras, putas, etc), la manera de ejercer la violencia (violación, abuso sexual), los instrumentos (objetos penetrantes, tocamientos en zonas sexuales de las mujeres) y las técnicas del ejercicio violento encarna la masculinidad.

Timisay Monsalve Vargas, PhD.
Directora del Laboratorio de Osteología Antropológica
Departamento de Antropología - FCSH

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